Mapa de Las Tablas



LAS TABLAS DE DAIMIEL

Otros humedales
El monte y la llanura

Tablazo barcas


El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel
ocupa, en la actualidad, una superficie de 1.928 hectáreas, que reparte entre los términos de Daimiel y Villarrubia. Situadas a una altitud de 606 metros sobre el nivel del mar, justo al sur de la zona centro de la Península Ibérica, Se hallan rodeadas de una de las más extensas llanuras de nuestra geografía: la Llanura Manchega. Las Tablas, han sido representadas como insigne patrimonio natural de La Mancha, donde los característicos tonos amarillos, ocres y rojizos de la yerma y seca llanura, se descomponen en una amalgama de verdosas tonalidades al penetrar en el entorno del humedal.

Pasarela azul

 Consideradas tradicionalmente como uno de los ecosistemas más ricos  y representativos de nuestra naturaleza, han sido paraíso faunístico y albergue ideal para multitud de especies y el refugio, en la paramera manchega, de una vegetación muy característica. La singularidad de la Mancha Húmeda, es el resultado ecológico de la interconexión de aguas superficiales y subterráneas. De una parte tenemos la red hidrológica de la cabecera del Bajo Guadiana, con sus Juntas (la unión de un afluente con el río principal) y desbordamientos: el Riánsares con el Gigüela (laguna del Taray), el río de las Ánimas con el Záncara (el pantano de los Muleteros), el Gigüela con el Záncara (la Junta de los Ríos), el Gigüela con el Guadiana (las Tablas de Daimiel).

Isla de Tarays

Estos desbordamientos y encharcamientos eran únicos en la Península Ibérica, pero es que además estaba el fenómeno del reaparecido Gua-diana (los Ojos); es decir, los rebosaderos del acuífero 23. Así, el Guadiana, con las aguas dulces del acuífero, se mezclaba con el Gigüela que venía cargado de las sales que los terrenos salitrosos que atravesaba le iban proporcionando. En esta singular asociación, el Guadiana jugaba el papel principal en la alimentación hídrica de las Tablas de Daimiel. Su importancia era mayor en verano, cuando el cauce del Gigüela se secaba y el Guadiana suplía esta deficiencia con sus aportes, asegurando así un abastecimiento de agua continuo a las Tablas.

 Este tipo de formaciones compuestas por lagunas, humedales y encharcamientos en medio de áridas zonas, funcionan como auténticos reguladores de los niveles de las capas freáticas del planeta, controlando las crecidas y desecaciones naturales de los ríos; manteniendo el equilibrio de la población piscícola mundial; y acogiendo a la diversa población faunística que se alimenta de su variada vegetación.

EL ACUÍFERO:

El Acuífero 23 o de la Mancha Occidental, se extiende en el subsuelo de un área que va desde Minaya en la provincia de Albacete hasta Fernancaballero en la de Ciudad Real de Este a Oeste y desde Mota del Cuervo, en Cuenca, hasta San Carlos del Valle, también en Ciudad Real de Norte a Sur, lo que en total supone algo más de 5.260 Km2. Está íntimamente ligado a la cabecera del río Guadiana; esto es, conectado a los ríos Guadiana, Záncara, Gigüela y Azuer. Está enclavado en materiales permeables, principalmente calizas y gravas de la era terciaria (65 millones de años) y en sus materiales porosos y en sus numerosas cavernas almacenaba una cantidad incalculable de agua, pero que puede estimarse en algo más de 12.000 Hm3.(todos los embalses de la provincia juntos suman poco más de 2.000 Hm3).

Recepción del Parque Nacional de las Tablas

Es, fundamentalmente, un embalse subterráneo que en condiciones normales se recargaría con las precipitaciones que caen sobre el terreno bajo el que descansa, con el drenaje natural del Acuífero 24 (el de Ruidera) -cuando el Alto Guadiana desaparecía en los terrenos permeables a la altura de Argamasilla de Alba- con el drenaje natural del Acuífero 19 (el de Altomira) y con las infiltraciones de todos los afluentes que componen la cabecera del Bajo Guadiana (el de los Ojos).

Las relaciones existentes entre los acuíferos de Montiel (U.H.04.06.) y de La Mancha Occidental han estimulado la curiosidad y la fantasía de hombres de todos los tiempos; y así, desde la versiones míticas que Cervantes vierte en el Cap. XXIII del Quijote, hasta las disquisiciones científicas más recientes, el patrimonio de nuestros acuíferos transciende el inapreciado interés práctico de su existencia y la acentuada riqueza natural a él asociada en las figuras de los espacios protegidos que debería sostener: los de Daimiel y de Ruidera.

ALGO DE HISTORIA:

La primera referencia escrita sobre las Tablas de Daimiel como territorio claramente exuberante por su riqueza ecológica, data del 1325 en pleno reinado de Alfonso X el Sabio. En un libro escrito por el Infante don Juan Manuel, titulado "El libro de la caza" se recogen apuntes tan significativos como que era "el sitio ideal a todas las cazas" y "de difícil accesibilidad". Después, fue el propio Felipe II quien ordenó "que se guardase muy bien" según se recoge en las relaciones topográficas que mandó realizar y que se redactaron en 1575.

Pero el verdadero protagonismo llega a mediados del S. XIX con la explotación económica de la zona -como cazadero-, por parte de unos pocos, en su mayoría forasteros, mientras otros, inútilmente, se afanaban por defender el carác-ter público de estas aguas.

En el año 1910 dos autores ingleses que habían recorrido toda la Península, publicaron su libro "España inexplorada". Sus páginas recogen la gran riqueza ecológica de las Tablas: es la primera vez que se ofrecen datos estadísticos de estos parajes. Con todo ello, el prestigio de las Tablas va creciendo de día en día, las sociedades cinegéticas proliferan moviendo significativas sumas de dinero, la caza se convierte en un verdadero negocio y se disparan todo tipo de especulaciones.

Esta actividad desmesurada, tiene como consecuencia el avivamiento de la polémica sobre la titularidad de las tierras, el que proliferen los enfrentamientosy por fin, una Orden en 1959 prohibiendo las cacerías de patos.

Este acontecimiento, se convierte en la espoleta que desata toda una lucha, que aún hoy continúa con el propósito de defender el verdadero carácter de este ecosistema frente al uso agrícola al que otros intereses quieren conducirlo.

Esta batalla, que viene librándose por científicos, ecologistas, políticos, artistas, intelectuales, lugareños, etc., tuvo su primer reconocimiento oficial en 1962.

Pero, desde los mismos años 60, toda esta riqueza vuelve a verse amenazada. La idea de desecar estas zonas pantanosas vieja reivindicación histórica, encuentra su justificación en el paludismo que por entonces hacía estragos entre la población animal. Se inician los grandes proyectos de drenaje llegándose a desecar preciosos humedales con el pretexto de aprovecharlos para el cultivo, aunque la auténtica y última razón era la propiedad de la tierra. Se desecaron más de 15.000 hectáreas en toda la Mancha Húmeda y se construyó un canal para conducir encajonadas las aguas que hasta entonces circulaban dispersas por la extensa cuenca del Guadiana y sus afluentes. Esta situación determinó que la Administración, haciéndose eco de científicos y ecologistas, creara una Comisión Interministerial que culminaría con la declaración de Parque Nacional para Las Tablas de Daimiel en el año 1973, con una extensión de 1.875 hectáreas que se aumentarían siete años más tarde al incluir la zona de Las Cañas, aunque se recortaron a cambio algunos terrenos por el norte.

Sin embargo, a pesar de esta declaración, se inició entonces la perforación sistemática de pozos en todo el entorno. Entre las décadas de los 70-80, la superficie regada pasó de unas 25.000 hectáreas a más de 125.000 con lo que el paisaje, antaño de suaves ondulaciones, cubierto de tradicionales vides, campos cerealistas y algunos olivares, fue desapareciendo en favor de grandes extensiones de insólitos maizales y otros cultivos de regadío intensivo que se alimentaban por dilatadas instala-ciones de tuberías o por medio de gigantescos "pivot", cuyas bombas extraían las aguas fósiles del acuífero.

Al principio de los años 80 la Mancha Húmeda estaba literalmente seca y muy pronto los Ojos dejaron de "llorar", el Guadiana dejó de correr y Las Tablas empezaron a morir. Los grandes incendios producidos en el Parque Nacional durante los años 86 y 87 terminaron de esquilmar estas tierras. Con ello, se fueron produciendo llamativos cambios en el ecosistema, se aceleró la combustión de la turba, la desapari-ción de la flora más ligada al agua o la emigración de muchas especies animales.

Ante este panorama, interviene de nuevo la Administración poniendo en marcha el denominado Plan de Regeneración Hídrica, que pretende aportar caudales de manera artificial al Parque Nacional. Pero este Plan resulta aún hoy controvertido, básicamente porque la filosofía de un Espacio Protegido de esta categoría exige que el estado de conservación se ajuste a su verdadera naturaleza, lo que excluye el grado de artificialidad a que podrían llegar Las Tablas.

A todos nos corresponde esforzarnos por conservar estas tierras, que durante siglos absorbieron las lluvias, convirtiendo la zona en una esponja sólo manejada por la naturaleza; porque en menos de dos décadas, la mano del hombre moderno está a punto de arruinar todo aquello que durante 36 siglos ha acompañado y servido a los afanes del hombre primitivo: la dinámica del AGUA.

LA VIDA EN TORNO A LAS TABLAS:

laguna aclimatación

El maná que la naturaleza ofrecía a través de este humedal, generó a principios de siglo una serie de oficios relacionados con la vegetación y los animales del río: masegueros, eneeros, sanguijueleros, etc., todos ellos en el entorno de la Madre del Guadiana que tenía, en aquellos tiempos entre 5 y 6 metros de profundidad y que sólo podía cruzarse en barca. Un tipo de ellas, las llamadas "curianas", eran unas pequeñas embarcaciones de poco más de 2 metros de largo, ideales para la pesca del cangrejo (Austropotamobius palli--pes) del que vivían una buena parte de las familias daimieleñas. El cangrejo, que no se conocía por estas tierras, fue introducido en los alrededores del molino de Zuacorta. El consumo de los llamados "alacranes de río" fue rechazado inicialmente por toda la población hasta que los esfuerzos de los pescadores se vio compensado cuando se descubrió la salida que tenía en otros mercados. Prácticamente se pescaba todo el año, y familias enteras se dedicaban a esta práctica; aproximadamente unas 300 trabajaban en el oficio, hasta que las deseca-ciones primero y una enfermedad transmitida por el cangrejo ameri-cano (Procambarus clarkii) después, acaba-ron con los primeros. Junto a los cangrejeros se mezclaban los vendedores de malvavisco (Althaea officinalis) que es una raíz que se vendía con fines medicinales (antiinflamatorios).

Otros, se dedicaban a la captura de peces, actividad ésta que no cesaba ni de día ni de noche. Al igual que sucedió con los cangrejos, alguien introdujo el lucio y éste proliferó tanto, que en poco tiempo acabó con el resto de la pesca y hasta con buena parte de los anfibios. Era tan voraz, que en su interior aparecían animales y objetos de lo más diverso, por lo que la gente dejó de consumirlo.

Pero el oficio más habitual era el de maseguero, que también generaba una próspera industria ya que la masiega era muy apreciada como combustible para hornos de cal y cerámica. A este menester le seguía el de carricero cuya actividad consistía en vender el carrizo y otras espadañas para fabricar sillas, esteras, techumbres, etc.

El caso es que las Tablas proporcionaban un medio de vida a muchas personas. Mientras unos salían a la pesca, otros, en las casas se dedicaban a tejer los trasmallos o a trabajar los ductiles juncos. Estableciéndose una economía autosostenida basada en los recursos que ofrecían el río y los tablazos. Pero en un corto espacio de tiempo, se produjo el paso de la pesca a la agricultura y ello trajo consigo el fin de un modo de vida muy duro aunque absolutamente integrado con la naturaleza en favor de un falso "El Dorado".

FLORA Y FAUNA DE LAS TABLAS:

Las alteraciones sufridas por el Parque Nacional desde su creación, se dejan sentir al evaluar su riqueza. Por una parte, la fauna, dotada de gran movilidad, que llega al máximo en el orden Aves, puede trasladarse, emigrar o inmigrar con facilidad. No así las plantas, que una vez desaparecidas puede ser que no las recuperemos nunca. De todos modos, la especificidad de muchas de ellas y su íntima asociación a características muy concretas del agua, impide sentar unas bases mínimas hasta que el ecosistema genuino de Las Tablas no se encuentre restablecido.

Calamón

En estudios recientes, se ha estimado que podrían haber desaparecido del patrimonio botánico de Las Tablas y su entorno hasta diez especies distintas, pertenecientes a cuatro familias. La pérdida de diversidad y los cambios de todo tipo en las formaciones vegetales son consecuencia a lo largo del tiempo de los siguientes factores principales: canalizaciones de los ríos, descenso de los niveles hídricos en el subsuelo, prolongadas sequías, contaminación de las aguas cuando han llegado, periódicos incendios de vez en cuando, etc. etc.

Con todo, han sobrevivido en el Parque algunas de las plantas más emblemáticas, como la masiega (Cladium mariscus), siendo Las Tablas el mayor masegar de Europa occidental. La supervivencia de la masiega está muy comprometida como consecuencia de la pérdida de calidad de las aguas y hoy ve mermados sus dominios originales por otras plantas palustres menos exigentes como el carrizo (Phragmites australis). Otras plantas corrientes y que pueden conocerse y observarse con facilidad son las eneas (Typha sp.), los juncos (Juncus sp.) y las juncias (Scirpus sp.), todas ellas en el interior o en los bordes del agua y formando masas compactas que la fauna aprovecha para alimentarse y como refugio. Pero la vegetación más delicada y de la cual, la mayoría de las anátidas dependen, es la que compone lo que suele llamarse pradera sumergida, estas plantas que suelen denominarse genéricamente como Ovas (Chara sp.), tapizan el fondo de los terrenos anegados y necesitan aguas transparentes que permitan el paso de la luz, por lo que son muy sensibles a la contaminación.

Entre las especies arbóreas y además de las características encinas (Quercus rotundifolia) que pueden verse en formación de dehesas en las fincas próximas, merece nombrarse coma árbol característico el Taray (Tamarix canariensis), que adopta formas sugerentes en las islas que más se visitan del Parque.

Sobre este sustrato, encuentra su hábitat de paso o asentamiento una rica y variada avifauna, siendo ello el desencadenante del aprecio público y de las medidas de protección aplicadas a este lugar. Nidifican más de 120 especies de aves, aunque son muchas más las que utilizan el Parque en un momento u otro a lo largo de su ciclo anual; es decir, para criar, para invernar o para descansar en época de paso. 

Destacan por su importancia las garzas, como la Garza Imperial (Ardea purpurea), varias especies de garcetas y garcillas, el Avetorillo (Ixobrichus minutus); los somor-mujos (somormujos y zampullines); ánades de todo tipo -gran cantidad de patos en sentido amplio, que caracterizan en gran medida este humedal-, nidificantes como varios porrones (Aythya sp.) o como el Pato Colorado (Netta rufina) que es el emblema de Las Tablas, por ser éste el principal punto de cría en el centro peninsular, o invernantes como el Pato Cuchara (Anas clypeata), la Cerceta Común (Anas crecca).Es un privilegio ver la escasísima Cerceta Pardilla (Marmaronetta angus-tirrostris). Abundan las Fochas (Fulica atra) y las Pollas de Agua (Gallinula chloropus), junto a limícolas como Avocetas (Recur-virostra avosetta), Cigüeñuelas (Himantopus himantopus), archi-bebes (Tringa sp.) y chorlitejos (Charadrius sp.), por mencionar sólo unos pocos. Gaviotas y aguiluchos aparecen junto a una igualmente variada comunidad de pequeñas aves como el Martín Pescador (Alcedo athis), el Escribano Palustre (Emberiza schoeniclus) y el Bigotudo (Panurus biarmicus).

Aunque el interés principal por este paraje son las aves, conviene mencionar otros grupos; por ejemplo, los peces han sido siempre bastante ignorados e incluso cuando se ha hablado de ellos, nos hemos referido a especies introducidas como la Carpa (Cyprinus carpio) y algunas de ellas hasta contraproducentes como el Lucio (Esox lucius), afortunadamente erradicado en la actualidad. La genuina fauna ictícola es aquella que por su historia natural caracteriza al ecosistema; en muchos casos se trata de endemismos; es decir, que no se encuentran en ningún otro lugar; y que sufren como ningún otro grupo de vertebrados las alteraciones del hábitat: téngase en cuenta que están atrapados por el elemento líquido y que no pueden abandonarlo por tierra ni mucho menos por el aire como las aves

Algunas especies han desaparecido quizás para siempre, como la Lamprea (Petromyzon marinus) que no podría remontar hoy el Guadiana como consecuencia de las numerosas y sucesivas presas interpuestas, otras sobreviven con dificultades y podrían verse definitivamente afectadas por la política de trasvases tan en boga en la actualidad; nos referimos, por ejemplo, al Cacho (Leuciscus pyrenaicus), al Calan-dino (Tropidophoxinellus alburnoi-des) o a la pardilla (Rutilus lemmingii) cuya presencia histórica en el Parque no parece haber dejado huella. Entre los anfibios cabe mencionar a la Ranita de San Antonio (Hyla arborea) o al Sapillo Pintojo (Discoglossus galganoi); entre los reptiles, a la Culebra Bastarda (Malpolon monspessulanus), al Lagarto Ocelado (Lacerta lepida) o al Galápago Europeo (Emys orbicularis). Entre los mamíferos, sobre todo a la Nutria (Lutra lutra), pero en el medio terrestre pueden encontrarse Liebres (Lepus granatensis), Conejos (Oryctolagus cuniculus), Jabalíes (Sus scrofa), Zorros (Vulpes vulpes), Comadrejas (Mustela nivalis), Tejones (Meles meles), etc.


Itinerarios

Tres son los itinerarios formalmente establecidos en el interior del Parque:

Itinerario Isla del Pan: 

Mirador

Partiendo del Centro de Recepción, se toma un entarimado que, en dirección oeste, nos llevará hasta la isla del Pan en un paseo de unos 2 km.. El entarimado es en realidad una pasarela, que nos permitirá sortear los terrenos inundados que separan una isla de otra. La primera es la isla de la Entradilla, a la que sigue la isla del Descanso y de ahí podemos acceder hasta la isla del Pan que es la más grande y denominada así, porque, cuando Las Tablas constituían el hogar de varias familias de pescadores, era en ella donde se cocía la harina amasada fabricando el preciado alimento1. De la isla del Pan, podemos regresar recorriendo la de los Tarayes y la del Maturro. Todo el recorrido esta salpicado de observatorios escondites (denominados frecuentemente con el anglicismo Hides), desde los cuales, al tiempo que descansamos, podemos espiar un poco de la vida íntima del Parque.

En la isla del Pan podemos acceder a uno de los observatorios mejor emplazados del Parque, desde el cual dominamos una apreciable extensión en todas direcciones, pues más que un escondite, en este caso, es una atalaya. Es el lugar ideal para instalar un telescopio y poder adentrarnos en la intimidad de rincones lejanos, donde las aves realizan sus actividades ajenas al observador; o desde el cual, apreciar el espectáculo de las bandadas de patos en su ir y venir, sobre todo en las primeras horas del día o en las últimas de la tarde. En esta isla también es donde encontramos la más extensa e interesante formación de tarayes, con formas caprichosas que son el resultado de desgarros accidentales y que sirven de refugio a multitud de aves que buscan alimento o descanso entre sus ramas.

Aquí podemos encontrar en la primavera al ardoroso Jilguero (Carduelis carduelis) en pleno celo, cantando sin parar para atraer la atención de su hembra hacia el futuro nido; o al Autillo (Otus scops) que al anochecer emite su sincronizado canto aflautado como un penitente incansable. Todo el cerro está alfom-brado de Limonium y Salsola (cala-minares), pequeños matorrales entre cuyas raíces cavan los conejos sus galerías.

 Itinerario de la Laguna Permanente. 

 Partiendo también desde el Centro de Recepción, se puede realizar un corto paseo en dirección sur, hacia el antiguo cauce del río Guadiana. A poco menos de un kilómetro encontraremos una laguna artificial equipada con dos hides espaciosos que nos permitirán observar o fotografiar a numerosas especies en libertad. Es frecuente encontrar nidificando a las Avefrías (Vanellus vanellus) en primavera, o a las Agachadizas (Gallinago gallinago) alimentándose en épocas de paso.

Itinerario de Prado Ancho

Es el recorrido más largo, de unos 4 km. ida y vuelta, en él recorreremos el borde sureste del Parque dejando distintos campos de cultivo a la derecha y en contacto con el cinturón de carrizo que bordea la zona encharcada. Aquí podemos escuchar las melodías de numerosos pájaros cantores, como el Carricero Tordal (Acrocephalus arundinaceus) y su pariente menor el Carricero Común (Acrocephalus scirpaceus), uno y otro son de tonos apagados, verdosos, difíciles de observar, pero, por el contrario, muy fáciles de detectar por el canto. Otro pariente cercano es la Buscarla Unicolor (Locustella luscinioides) que con su característico canto, parecido al rebobinado de un carrete de pesca, tampoco pasa desapercibida. Pero si existe un pajarillo característico y singular de estos cañaverales es sin duda el Bigotudo. El Bigotudo no canta espectacularmente como los anteriores y aunque es más fácil de detectar visualmente, tampoco llama mucho la atención, salvo cuando se desplaza en grupos numerosos con un repiqueteo de reclamos que suenan como toques agudos y metálicos. Cuando resulta llamativo es cuando se le tiene bien cerca y visto con unos nítidos prismáticos: entonces revela toda su belleza. El macho es especialmente vistoso por su mostacho caricaturesco, mientras que la hembra, más apagada y sin el llamativo bigote, es igualmente bella en su sencillez. Son unas aves muy gregarias durante la mayor parte del año, que suelen divagar buscando alimento en grupos numerosos y que cuando se separan en parejas para nidificar manteniendo vínculos de muy estables.

Al final de este recorrido encontramos el observatorio de Prado Ancho, una torre de tres plantas desde la cual tenemos una observación privilegiada del Parque en casi toda su extensión, al tiempo que una excelente vista de las dehesas de Casablanca y de la Sierra de Villarrubia. Tenemos delante los tablazos más importantes y una de las islas de referencia en la historia de Las Tablas, la de los Asnos o de los Generales, donde existen aún las ruinas de las paredes que dieron cobijo en otro tiempo a eminentes personajes de la vida pública del país que visitaban el lugar para cazar.

  RECOMENDAMOS

Desde Villarrubia hay un carreterín asfaltado hasta casi las inmediaciones del Parque (unos 14 kms) el resto hasta llegar a el molino de Molemocho es un camino rural.

Antes de su visita al Parque Nacional, es recomendable visitar el Centro de Interpretación del Agua y los Humedales Manchegos, situado en el Parque del Carmen de Daimiel (salida carretera a Madrid).

Horario de visita: de 8 a 15h. de lunes a viernes. Para grupos consultar fines de semana.

Teléf.:926.26.06.33

En el Parque: visitar el centro de Información. Su horario es de 10 a 18 horas en invierno y de 9 a 21 horas en verano.

Teléf.:926.69.31.18

Las Mejores Épocas: Aunque siempre es buen momento para pasear y conocer la naturaleza, es en primavera cuando la flora y fauna alcanzan su máximo esplendor. Y en el invierno, coincidiendo con la invernada de las aves.

Elegir las horas de visita: Las primeras de la mañana y las últimas de la tarde son las más adecuadas para la observación.

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