Amanecer

EL MONTE Y LA LLANURA

    Aunque, sin duda, lo más espectacular de la comarca sean los humedales, a los que más adelante le dedicaremos un extenso apartado, no por ello, el resto del territorio carece de interés; más incluso, puede que encontremos joyas ignoradas que escapan al interés promocionado de la mayoría.

El Monte

El venao
El venao (Cervus Elaphus), es uno de los ejemplos  más característicos de repoblación cinegética con razas que podrían "contaminar" genéticamente a las propias de la zona.

   La zona montaraz se sitúa al Norte, constituyendo el límite provincial. Es patrimonio de los términos de Villarrubia de los Ojos, Las Labores y Puerto Lápice; en el primero, la referencia inevitable es el Santuario de la Virgen de la Sierra, cerca del cual puede admirarse una extraordinaria perspectiva de toda la llanura con Las Tablas al fondo. Otra interesante perspectiva del pueblo de villarrubia y de sus inmediaciones la encontraremos en la Ermita de San Cristóbal, muy cerca del pueblo: es lo que se conoce como El Balcón de La Mancha, una terraza que sirve muy bien para animar al deleite estético incluso al turismo menos esforzado que renuncie a llegar hasta alguno de los altos sin vía de acceso.


Especialmente interesante son las gargantas; aunque es cierto que mucho más inaccesibles: no solamente por lo apartadas de las rutas principales, sino también porque proliferado las cercas de todo tipo que unas veces por una excusa y otras con otra impiden incluso el derecho elemental de usar las vías pecuarias. En algunas, podemos encontrar bosquetes de robledal, con madroños, brezos y matorrales como el torvisco. Hacia el término de Puerto Lápice podemos encontrar algunos testimonios del austero y resistente enebro que en algún caso se mantiene incólume en la llanura, entre olivos, pero como temeroso en su soledad.

Siles

En la vegetación del monte, el árbol predominante es la encina y la formación vegetal correspondiente, el encinar, es la que con más frecuencia aparece. No obstante en muchos casos se encuentra en estado arbustivo de unos dos ó tres metros de altura.

La mayor parte de las fincas están dedicadas a la caza mayor. Son muy abundantes, por ello, los jabalíes y también abundan los venados, aunque estos son fruto de repoblaciones cinegéticas que podían ser inadecuadas; pues lamentablemente, en muchas ocasiones se introducen animales que provienen de lugares lejanos o que son fruto de manipulaciones ganaderas no deseables desde el punto de vista de la biodiversidad característica del ecosistema. También se han introducido especies totalmente exóticas como el Muflón o el Arrui. Aunque no existe un inventario de vertebrados que nos permita conocer adecuadamente el patrimonio natural de estos montes cabe suponer la presencia de mamíferos como la Gineta, el Meloncillo, el Gato Montés y muy probablemente la Lince, una de las principales joyas de la Naturaleza Ibérica y que es, en la actualidad, el felino más amenazado del mundo, y que, por ello, debería protegerse hasta el punto de que sus poblaciones locales puedan tener asegurada su viabilidad a largo plazo.


Las aves quedarían bien representadas aquí por una rapaz emblemática, el Águila Real, que nidifica en las repisas de los cantiles. Falta por precisar con seguridad la presencia de su pariente más escasa, el Águila Imperial Ibérica, endemismo en peligro de extinción y que podría encontrar aquí  los territorios imprescindibles que amplíen el área de distribución de esta especie.

Urraca
La Urraca común (Picapica) es uno de los más ruidosos habitantes de los páramos

Una y otra son planeadoras impenitentes que van siempre escudriñando el terreno a la búsqueda de sus presas. Esta competencia con el depredador humano les ha acarreado la peor de sus suertes; fatal en el caso de la segunda por su costumbre de nidificar en árboles, accesibles a la ira o a la crueldad de personas insensibles. Las Tablas de Daimiel son el Parque Nacional más pequeño de España y resulta limitado en sus horizontes al excluir del área protegida el magnifico telón que representa la Sierra de Villarrubia. La síntesis que proponemos al margen no sólo es natural, sino económica y culturalmente rentable, puesto que el visitante no debe agotar su visita entre las pasarelas, sino escalar los altos para dominar mejor el paisaje y acercarse a un municipio que está unido inexorablemente a Las Tablas.

La Llanura

   La llanura es la representación genuina de La Mancha, una gran cubeta rellena de materiales de sedimentación a base de margas y arcillas que alternan en ocasiones con bancos de arena o conglomerados calizos. En la zona de transición, al pie de la sierra, la presencia de cantos cuarcíticos es extraordinariamente abundante y sobre ellos, en la franja de piedemonte que se extiende de Este a Oeste, desde Villarrubia hasta Puerto Lápice, se plantan los encinares: transición también de la ausente fragosidad del monte a la ordenación de los cultivos más bajos. Es la tierra del vino por antonomasia: una mar de viñas que destilan la esencia y la luz de esta tierra. ¡Lástima que el llanto dulce de las vides se haya aguado a golpe de aspersor y que los olivares más bajos se hallen sustituidos por extensiones enormes de maíz!.

 

Vendimia
El Viñedo constituye el cultivo mayoritario de la zona, configurando en los meses de primavera y verano, una "verde alfombra" que se extiende por la llanura, cobijando multitud de especies características de este ecosistema.



A pesar de ello, el acuífero subterráneo resiste como puede, como resistieron algunas encinas el desmonte secular de toda la llanura. Quedan lugares de lo que en otro tiempo fuero los encinares manchegos. Por la zona de Los Ojos se conserva El Chaparral del Duque, finca que sorprende arbolada entre el mar de viñas: donde se puede llevar a los colegios para explicar aquello de la ardilla que podía, en tiempos de los romanos, viajar desde los Pirineos hasta Gibraltar sin bajarse de los árboles. Este testigo del bosque antiguo se encuentra a caballo entre los términos de Arenas y Villarta, pero también se reparte en sendos enclaves de Las Labores y Puerto Lápice, lindando con Villarrubia y Daimiel, por lo que muy bien puede considerarse el más comunal de los terrenos.

En estos bosquetes puede inquietarnos, de pronto, un silencio absoluto: se hace el vacío como se apaga la luz con una llave. Puede que se trate del Gavilán que en una rápida pasada amedrenta a cuantos pajarillos lo detectan, creando un silencio sobrecogedor y que quizás acierte a llevarse entre las garras algún Carbonero despistado o algún Mirlo que no pudo correr a tiempo.

Otro tanto puede hacer su pariente de los espacios abiertos, el Halcón Peregrino que acompañando en el invierno a las aves migratorias se establece en las estepas a la espera de una oportunidad; a ser posible, en forma de Torcaz y que puede enmudecer de pánico al coro de pardillos que pululan entre las vides antes de la poda, o a las correteadoras cogujadas siempre dispuestas a desafiar al automóvil en el borde de la carretera.

VISITA LOS PUEBLOS RECURSOS NATURALES PROGRAMAS DE LA ASOCIACION PROYECTOS SUBVENCIONADOS DIRECTORIO EMPRESAS ENLACES DE INTERES